A Letter from SONG’s Co-Director, Roberto Tijerina

[ENGLISH BELOW]

Una carta del Co-Director de SONG, Roberto Tijerina

“Si percibes alguna necesidad, satisfácela.” Mandy Carter, co-fundadora de SONG

La historia del origen de SONG es ampliamente conocida. En el 1993, tres lesbianas Negras y tres lesbianas blancas se juntaron durante la primera conferencia de Creating Change que tuvo lugar en el Sur, en Durham, Carolina del Norte. Percibieron una necesidad. El Sur seguía siendo menospreciado–y pasado por alto en cuanto al financiamiento–por la izquierda progresista. Mientras tanto, la derecha reconoció tanto la importancia de esa región que el programa político que habían implementado a lo largo de los últimos 50 años, se denomina La “Estrategia Sureña”.

Estas seis personas vivían y trabajaban en la tierra de Jesse Helms y Strom Thurmond. Y presagiaron los impactos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en la economía del Sur: desde la pérdida de empleos hasta la llegada sin precedentes de inmigrantes que, con el paso del tiempo, cambiarían los paradigmas de la (in)justicia racial en todo el Sur. Había un ataque constante contra las conquistas logradas en los ámbitos de los derechos electorales, de la discriminación basada en el sexo y la autonomía corporal. Fue el mero auge de la crisis del SIDA, cuando miles de personas murieron solas en los hospitales y no fueron aceptadas en las funerarias. Percibieron un sinfín de necesidades, y empezaron a satisfacerlas.

“Estamos buscando a quienes nos buscan a nosotrxs.”Caitlin Breedlove, Co Directora de SONG (2006-2015)

Durante 26 años, SONG ha continuado esa tarea en todo el Sur, cruzando la región, alojándonos con amistades, todo en busca de nuestra familia queer en los pueblos pequeños y rurales. Organizamos encuentros, tanto grandes como pequeños, para romper el aislamiento y reunirnos para la educación política y la alegría colectiva. Fomentamos conexiones entre trabajadores de las fábricas, trabajadores agrícolas y una que otra draga que trabaja en el bar gay a la vuelta de la esquina, buscando construir nuestro poder político.

SONG hizo el llamado, y nuestra familia queer ha respondido con una generosidad tanto política como material. Nuestra gente se presentó en las acampadas queer, las giras de escucha y las escuelas organizativas. Hemos traído nuestra jotería radical a los espacios progresistas, y un análisis feminista de raza y de clase al sector LGBTQ convencional. Nos levantamos para defender y luchar por nuestras comunidades cuando se vieron amenazadas por las leyes (el Proyecto de Ley HB2 de Carolina del Norte) o las prácticas estatales (la persecución y detención de inmigrantes). Hicimos todo esto, siempre firmes en nuestro apoyo a la liberación sexual y la soberanía de género. Es decir, hemos personificado la resistencia, y con un estilo bien sexy.

SONG me encontró a mí en el 2005, cuando trabajaba en el Centro Highlander en el Este de Tennessee, y me cambió la vida para siempre. De verdad, SONG se convirtió en mi hogar político, un lugar dónde el estar plenamente presente ha significado no solo aportar las identidades políticas de un Latinx queer de familia inmigrante y clase obrera, sino también la identidad de un Switch Daddy oficial. El reconocimiento más inmediato, sin embargo, fue de un hogar bien hogar, un lugar en donde me esperaban, donde me motivan a mejorar sin reproches, donde se aceptan mis errores sin consentirme tampoco, y más importante aún para mí: un lugar que a diario pone de manifiesto una política de que la lucha es una tarea colectiva al servicio de la liberación colectiva.

Me invitaron a unirme a la Junta Directiva en el 2007, en un momento decisivo en la historia de SONG. El personal de tan solo dos personas estaba concluyendo una gira de escucha a través del Sur, en las secuelas del Huracán Katrina. Entre las preguntas planteadas en su viaje, estaba “¿qué hubiera sido esencial tener ya disponible antes de Katrina?” La respuesta contundente que recibieron marcó nuestro camino político durante los siguientes años: “Un cuadro de organizadorxs en el Sur, con experiencia y talento, listxs para tomar acción en cualquier momento”. En aquel momento nos pusimos en modo de planificación estratégica.

Los cinco años siguientes fueron un tiempo de experimentación, de éxitos y fracasos, mientras el personal, la membresía y la Junta de SONG nos esforzamos para construir un hogar político y un centro organizativo digno de nuestra gente. ¿Cómo llegar a otro nivel de análisis político y de capacidad organizativa? ¿Cómo podríamos ir más allá de las movilizaciones de acción directa, para organizar campañas? ¿Cómo se define una campaña? ¿Cómo sabes si fue exitosa? Había tantas preguntas y tantas lecciones aprendidas al buscar estas respuestas. Dos de las lecciones más consistentes eran: 1) Hay que ser lo suficientemente valientes para tomar riesgos, lo suficientemente humildes para reconocer nuestros errores, y generosxs al compartir nuestras lecciones cuando tenemos éxito, y 2) NUNCA descuidar a nuestra gente. Como nos recuerda nuestra ancestro Mama Nayo de Durham, NC: “Todo lo que necesitamos lo llevamos en los huesos”. Esta sabiduría colectiva nos llegaba de todas partes: De lxs organizadorxs sureñxs de la vieja guardia, de nuestra familia SONG de hace tiempo, de nuevxs miembros y de organizaciones afines dentro de y más allá del Sur. Críticamente, esta sabiduría también venía de un reducido y dedicado personal de siete personas, la mayoría pagado solo medio tiempo, que hacía el trabajo de construir nuestra membresía y nuestra organización. Todo el mundo ofrecía sus ideas, las lecciones aprendidas y la crítica basada en principios. Nos insistían cuando no éramos lo suficientemente exigentes en nuestro análisis, o cuando estábamos demasiado cómodxs con la misma táctica de siempre. Nos mantenían con los pies sobre la tierra, recordándonos por qué se fundó SONG y el pacto sagrado que tenemos con nuestra gente.

En el 2015, SONG comenzó a prepararse para una serie de transiciones de liderazgo, estructura y capacidad. Para apoyar estas transiciones, me pidieron que cambiara de mi rol en la Junta, para uno en el personal: de Director Adjunto. Un año después, cambié a Co-Director provisional, y en enero de 2018 entré en el rol de Co-Director al lado de Mary Hooks. Después de cuatro de los mejores años de mi vida, a finales de este año saldré de mi puesto de Co-Director de SONG. Mi último día en SONG será el 15 de diciembre.

Cuando entré en este rol de liderazgo en 2015, nunca había sido un director, y no apreciaba todo lo que se requiere de ese puesto: visión y dirección política, recaudación de fondos, ser el rostro de la organización y colaborar con un personal que tiene una variedad de capacidades y posturas políticas. Me tomó tiempo orientarme, y al paso del tiempo, me di cuenta que lo mejor que podía ofrecer a mi hogar político era construir y fortalecer la infraestructura organizacional necesaria para permitir y sostener su crecimiento.

Durante los últimos cuatro años, SONG ha triplicado su presupuesto y número de personal, que ahora vive en cinco estados. Hemos comprado una oficina/almacén para nuestras reuniones de membresía y para ofrecerlo a nuestro movimiento como lugar de encuentro. Hemos comprado un autobús para llevar a nuestra gente a los encuentros, a las urnas, y una que otra noche, al autocine. Podemos ofrecer seguro médico a nuestro personal. Estos logros de infraestructura se traducen en un aumento de la capacidad para nuestro trabajo político y organizativo.

Un poco del trabajo que nos ha permitido manifestar:

– Hemos retomado la pregunta retórica de, “¿qué tal si liberáramos a las mamás y cuidadoras Negras para el Día de la Madre, para avanzar nuestra visión abolicionista?” y de ella hemos hecho una táctica experimental que ha crecido cada año durante los últimos tres años.
– Hemos construido una base que ha resultado en la formación de siete capítulos de SONG en toda la región, cada uno con un presupuesto modesto y con trabajo de campañas locales. También contamos con 7 a 10 equipos locales que avanzan el trabajo de SONG o que se han aliado con nosotrxs.
– Hemos reunido a nuestra membresía y a nuestrxs compas entre 5 y 6 veces al año para trazar planes y hacer debates políticos, para organizar las campañas en colectivo y para disfrutar de la compañía de cada unx.
– Hemos redoblado nuestro trabajo de justicia de lenguaje, al invertir en equipo de interpretación y comprometiéndonos a que nuestras comunicaciones y encuentros sean accesibles lingüísticamente, con el uso de intérpretes y traductorxs.
– Hemos profundizado nuestro compromiso de desarrollar un nuevo liderazgo queer y sureñx, al fortalecer nuestro programa de becarixs hasta contar con 11 de ellxs en el 2019.
– Hemos invertido más recursos para fortalecer a nuevas organizaciones en el Sur, como el Center for Resilient Individuals, Families, and Communities, y hemos patrocinado fiscalmente a unas agrupaciones emergentes.

“¿Estás dispuestx a ser transformadx en el servicio a la lucha?” Paulina Helm-Hernandez, Co-Directora de SONG (2006-2016)

Doy los ejemplos anteriores, no para promover a SONG como la excepción o para mostrar mis logros mientras estaba en el liderazgo; sino porque pienso que es importante nombrar qué se puede lograr en una organización que cuenta con una visión política clara, con metas organizativas concretas y con un brazo operativo fuerte que las hace posible. Puede haber un debate honesto y en base a principios sobre las des/ventajas de la estructura c3 y del complejo industrial no lucrativo. Actualmente, esta es la estructura que SONG utiliza para avanzar en su trabajo. La pregunta primordial es y siempre debe de ser, “¿estamos avanzando hacia la liberación?” Al responder a este interrogante, elegimos las herramientas y las estructuras que mejor alimentan ese movimiento, al mismo tiempo adaptándonos y con la voluntad de descartarlas cuando ya no son útiles.

Lo que no se puede debatir es la necesidad de organizaciones fuertes y resilientes, en esta coyuntura política de una marcha apenas encubierta hacia un estado cada vez más autoritario y un auge en la persecución y violencia contra las personas Negras, trans, inmigrantes, musulmanes, judías, queer y que se identifican como mujeres. Las organizaciones que son constantes, valientes, reflexivas y que priorizan la liberación colectiva por encima de presumir nuestros logros o de una ortodoxia ideológica, son necesarias para construir un movimiento de masas. Esto requiere una disposición a sostener las contradicciones y hasta algunas diferencias fundamentales en la ideología liberatoria, las posturas políticas, las metodologías y las estructuras.

Existen ciertos hitos políticos que han definido a SONG para mí desde un comienzo: la importancia del trabajo organizativo multirracial en el Sur, el tener un nutrido análisis de clase en nuestro trabajo y el dar igual importancia a la liberación sexual y a la soberanía de género. Gracias al trabajo y a la generosidad política de tantas personas durante los últimos 14 años, he aprendido a retomar todo lo anterior desde una perspectiva feminista Negra, e interrogar a profundidad lo que significa expresar una política abolicionista. La lección más profunda y la que llevo más a pecho, es la de “ser transformadx en el servicio a la lucha.” A veces apareció como una corrección, de ser más humilde. A veces como un recordatorio, de que priorizar el bien colectivo significa hacer de lado mi agenda personal. A veces, algo así como “aquí vamos a sentarnos para resolverlo y voy a decirte algo sobre ti mismo.” De todos estos regalos, estoy eternamente agradecido.

A la Junta tan trabajadora de SONG, mis máximos respetos y aprecio por sus años de fiel gestión. Al personal–actual y anterior–por hacer cada día de SONG un hogar político digno de nuestra gente. A las co-Directoras anteriores, por una década de poner las bases, encima de las cuales seguimos construyendo. A mi Co-D número uno–Mary Hooks–por tomar el riesgo de luchar a mi lado, y por todas las cosas que he aprendido sobre liderazgo al lado tuyo. Y más importante, a la membresía de SONG, por presentarse y por lucirse en los pueblos y las ciudades a través del Sur, reclamando y haciendo su espacio, por personificar lo que significa vivir nuestra dignidad.

En amor y lucha,
Roberto

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A Letter from SONG’s Co-Director, Roberto Tijerina

“If you see a need, fill it.” Mandy Carter, SONG co-founder

The SONG origin story is well known to many. In 1993, three Black lesbians and three white lesbians came together against the backdrop of the first Creating Change conference ever held in the South, in Durham, North Carolina. They saw a need. The South continued to be undervalued—and under-resourced—by the progressive left. Meanwhile, the Right so recognized its importance as a region that the political plan they have been working for the past 50 years has come to be known as the Southern Strategy.

These six lived and worked in the land of Jesse Helms and Strom Thurmond. They presaged the impacts that the North American Free Trade Agreement would have on the Southern economy, from the loss of jobs to the unprecedented influx of immigrants that would eventually shift the racial (in)justice paradigms in the South. There was a relentless chipping away of the gains made in the areas of voting rights, sex-based discrimination, and bodily autonomy. It was the height of the AIDS crisis, with thousands dying alone in hospital wards and turned away by funeral homes. They saw the multitude of needs, and started to fill them.

“We are looking for those who are looking for us.” Caitlin Breedlove, SONG Co-Director (2006-2015)

For twenty-six years, SONG has continued that work in the South. Criss-crossing the region and sleeping on couches to find our queer kin in the small and rural towns. Holding convenings, big and small, to break isolation and come together for collective joy and political education. Making connections between factory workers, farmworkers, and the drag queen who works at the local gay bar in an effort to build political power.

SONG put out the call, and our queer kin responded with political and material generosity. Folks showed up for queer campouts, listening tours, and organizing schools. We brought more radical queerness into progressive spaces and a feminist race and class analyis to the mainstream LGBTQ sector. We rose up to defend and fight back when our communities were threatened by the state in the form of legislation (North Carolina’s HB2 bill) or policy (immigrant persecution and detention). And we did these things while always holding the line on sexual liberation and gender sovereignty. That is to say, we embodied resistance, and looked sexy doing it.

SONG found me in 2005 while I was working at the Highlander Center in East Tennessee, and it changed my life forever. True, SONG became my political home, a place where bringing my whole self meant bringing not only the political identities of a queer Latinx from a working class immigrant family but also the identity of a journeyman switch Daddy. My more immediate recognition, however, was that of “home” home, a place where I had been waited for, where I am pushed to be better without being shamed, where there is grace for my shortcomings without being coddled, and most importantly for me, a place that on the daily embodies the politic that the struggle is a collective effort in the service of a collective liberation.

I was invited to join the Board of Directors in 2007 at a crucial time in SONG’s history. The two-person staff was winding down a post-Hurricane Katrina listening tour of the South. Among the questions posed in their travels was “What would have been important to have in place the day before Katrina hit?” The overwhelming response set up what would be our political North Star for the next few years: “A cadre of experienced, skilled organizers in the South ready to hit the ground running.” We were now in strategic planning mode.

The next five years were a time of experimentation, successes, and failures as SONG staff, members, and board endeavored to build a political home and organizing shop that was worthy of our people. How do we level up in our political analysis and in our organizing skills? How do we move beyond direct action mobilizations to running campaigns? What exactly is a campaign? How do you know if it was successful? So many questions and so many lessons learned in the pursuit of the answers. Two of the most consistent lessons were 1) be brave enough to take risks, humble enough to admit when we got it wrong, and generous in sharing the lessons when we got it right and 2) NEVER sleep on our people. As ancestor Mama Nayo of Durham, NC, reminded, “Everything we need is in our bones.” This collective wisdom poured in from everywhere: Southern organizing OGs, long-time SONG family, newer members, and comrade organizations in and beyond the South. Also critically, it came from a small, dedicated, mostly part-time staff of seven doing the work of building the membership and the organization. Everyone offered ideas, lessons learned, and principled critique. They pushed us when we were not rigorous in our thinking or too comfortable in using the same tactics. They kept us grounded and reminded us why SONG came to be and of the sacred covenant we have with our people.

In 2015, SONG started preparing for a series of transitions in organizational leadership, structure, and capacity. I was asked to pivot my service to the organization from a board role to a staff position, as Deputy Director, in an effort to support these transitions. A year later I transitioned to the role of Interim Co-Director and in January 2018 stepped into the role of Co-Director alongside Mary Hooks. After four of the best years of my life, I will be stepping out of the role of Co-Director and SONG staff at the end of the year. My last day will be December 15th.

When I stepped into the leadership role in 2015, I had never served as a Director and didn’t appreciate all the hats that are required of that position: political vision and direction, fundraising, being the face of the organization, working with a staff of varying skill sets and political positions. It took me a while to get oriented, and eventually, I came to the realization that what I could best offer my political home was to build and strengthen the organizational infrastructure that would allow and be able to hold its growth.

In the last four years, SONG has tripled its budget and the number of staff, who now live in five states. We bought a warehouse/office space to hold member meetings and offer as a resource to movement for convenings in the South. We got ourselves a bus for taking folks to convenings, the polls, and the occasional night out at the drive-in theater. We are able to offer staff health insurance. These infrastructural achievements translate into increased capacity for our political and organizing work.

Some of the work it allowed to manifest:

– To take the question of “What if we bailed out Black mothers and caregivers in time for Mother’s Day in service of an abolitionist vision?” from a rhetorical to an experimental tactic, one that has grown every year for the last three years.
– To do the base-building work that has resulted in seven formal SONG chapters across the region with modest budgets, moving local campaign work, and in 7-10 less formal crews either moving or in alignment with SONG work.
– To convene our members and comrades 5-6 times a year to engage in political debate and scheming, collectively plan campaigns, and bask in each others company.
– To double-down on our Language Justice work by investing in interpretation equipment and committing to making our communications and convening spaces linguistically accessible through the use of interpreters and translators.
– To deepen our commitment to developing new queer Southern leadership by steadily buidling our fellowship program to have 11 fellows in 2019.
– To move resources to help incubate new organizations in the South, like the Center for Resilient Individuals, Families, and Communities, and to fiscally sponsor emerging formations.

“Are you willing to be transformed in the service of the work?” Paulina Helm-Hernandez, SONG Co-Director (2006-2016)

I offer the above examples not to promote SONG exceptionalism or as a showing of my accomplishments while in leadership. I offer it because I think it is important to name what can be and is accomplished with an organization that has a clear political vision, concrete organizing goals, and a strong operations arm to carry them out. There can be honest and principled debate on the dis/advantages of the c3 structure and nonprofit industrial complex. This is the structure that SONG is currently using to move its work; it may not always be so. The paramount question is and should always be “How are we moving toward freedom?” In answering that question, we pick the tools and structures that best propel that movement, while remaining adaptable and willing to discard them when they are no longer useful.

What cannot be debated is the need for solid, resilient organizations in this political moment of a barely disguised march toward an increasingly authoritarian state and the heightened persecution of and violence against Black, trans, immigrant, Muslim, Jewish, queer, and women-identified folks. Organizations that are constant, intrepid, discerning, and prioritize collective liberation over bragging rights or ideological orthodoxy are critical to building a mass movement. This requires a willingness to hold the contradictions or outright differences in liberatory ideology, political posture, methodology, and structure.

There are certain political touchstones that have defined SONG for me since the beginning: the importance of multiracial organizing in the South, bringing a strong class analysis to the work, and giving equal importance to sexual liberation and gender sovereignty. Through doing this work and the political generosity of many over the last 14 years, I have learned to consider all of the above through a Black feminist lens and to rigorsouly interrogate what it means to have an abolitionist politic. The deepest lesson, and the one I hold closest to my heart, is “to be transformed in the service of the work.” Sometimes this came as a callback to be humble. Sometimes as a reminder that prioritizing the collective good means letting go of my agenda. Sometimes it was a “We’re gonna sit here and work this out and let me tell you about yourself.” For all of those gifts, I am forever grateful.

Mad respect and appreciation to SONG’s working board for years of devoted stewardship. To staff—past and present—for grinding everyday doing the work of making SONG a political home worthy of our people. To the past Co-Directors, for a decade of laying the foundations on which we continue to build. To Co-D número uno—Mary Hooks—for taking a chance on building with me and for all the things I’ve learned about leadership by working with you. And most importantly, to SONG’s members, for showing up and showing out in towns big and small across the South, claiming and making space, and modeling what it means to be in our dignity.

In love and struggle,
Roberto